
El invierno en una ciudad gris como la nuestra no es precisamente la ubicación más glamorosa o ideal para pasar la temporada. La ciudad palidece en comparación a otros territorios aledaños, con poco entusiasmo que habita en los alrededores se torna decante y frío; el océano es una idea de último momento, a menos que sea un poco extenso de viajar hacia allí, es el último recurso que nunca falla. El verano ha terminado, el frío y los fósiles marítimos han llegado y, a su vez, el debut de la temporada tan esperada, y Beach Fossils consigo, las olas del mar trajo.
El disco auto-titulado Beach Fossils además, es en todo sentido un testimonio fiel de la temporada en boga, desde la portada del álbum hasta el último acorde, es la ironía y paradoja de un verano gris, de un invierno soleado, de una primavera marchita, de un otoño resplandeciente. La guarnición de títulos como “Vacation”, “Daydream”, “Lazy Day”, evidencia un garage, surf-rock y lo-fi aletargado, denso y con lluvia de ecos infinitos. Sus himnos típicos como “Sometimes” o “Wide awake” que te transportan a una playa congelada, a una lluvia inminente, a una escalofriante soledad hecha música, no sino basándose en un deliberado ambiente relajado y un atractivo mínimo emergente.
El responsable Dustin Payseur genera sonidos como si se ha ahogado en la reverberación y la distorsión, que proveen de un susurro infidente como Joy Division, The Jesus And Mary Chains a manera de influencia como es notoria entre sus graves. Dicho esto, Beach Fossils se ha deliberado como uno de los álbumes más interesantes del año pasado 2010, una salida al registro de los deseos de temporada. Beach Fossils ofrece una ruta de escape a los oyentes actuales en la ubicación con la playa fría, para aquellos que no residen a lo largo de ella. Un disco terriblemente tarareable, recomendable, indispensable en cualquier despensa fría para la temporada.