
El sábado pasado una amiga me comentaba que le gustaría colocar música a todo lo que ve a diario, pero yo pienso o siento distinto: la música me hace crear imágenes. Muy pocas bandas he visto que hacen el juego audiovisual a base de su repertorio en sus performances, una evidente muestra es Soundpool, quienes a partir de su música, juegan con imágenes, colores, videogramas, todos ellos alucinantes, en casi todas sus presentaciones, y lo interesante es el intención de lograr un efecto más lúdico e interpretativo de lo que se escucha. Kim Field, líder, vocalista y fiel amante del shoegaze, es la que dirige a Soundpool junto con John Ceparano (guitarra y voz), Mark Robinson (teclados) y James Renard (batería) quienes con poca trayectoria han logrado acaparar la escena Newyorkina con un renovado trabajo prometedor. “On High” (2006) fue el primer y muy bien comentado primer álbum que los llevo a ubicarse como uno de los discos más escuchados y con mejores críticas durante ese año. Aunque su sonido nos lleve a eticketarlos como noise, shoegaze o dream pop, ellos hacen hincapié en que son: audiovisual-space-rock, ya que su pasión en escena es la de llevar un presentación audiovisual dentro de un mismo espacio, casi como una performance audiovisual de galería de arte. Entre las influencias evidentes nos traen a la memoria a Colour Kane, My Bloody Valentine y Slowdive, quienes han servido de inspiración para perfilar sus dos primeros trabajos. “Dichotomies & Dreamland” fue lanzado el año pasado con gran augurio por parte de los amantes del género, y en poco tiempo, canciones como “Welcome to Dreamland” (espectacular para introducirnos a un mundo de sueños, como dice) o “Do What You Love” los catapultó como un disco de culto al finalizar el año. Las vibras mágicas se sienten en sus teclados casi infinitos, la tierna voz de Kim no es más que un eco ininteligible que nos resulta inexorable dejar de escucharla. “Lush (What Becomes You)” dulces teclados inofensivos y caja de sonidos que embellecen pero que al mismo tiempo entristecen el panorama. “The Divides of March” corrosiva y perturbadora, vinilos desgarrados, escenarios que se desmoronan. “Dream Sequence” sendero interminable, pausado, pero con energías bipolares que cambian constantemente de ánimo. El álbum es un pretexto más para volver a los géneros ruidosos ahora llevados por novedosas bandas que han logrado un extenuante y peculiar reinvención, como Airiel, Air Formation o Panda Riot, quienes junto a Soundpool, mantienen latente el alma shoegaze que cada vez resulta menos olvidado y mejor elaborado.